El lienzo en blanco: Cuando no saber qué hacer es el principio de todo

Publicado el 18 de febrero de 2026, 10:36

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Una de las preguntas que más me hacéis es sobre cómo me llega la inspiración para crear estos textos.

La respuesta es sencilla: me baso en experiencias, en situaciones cotidianas y en reflexiones reales de mi día a día. Básicamente, lo que leéis es lo que soy, sin más vuelta de hoja. Sin embargo, hoy debo confesaros algo: a veces me cuesta horrores encontrar esa inspiración y me quedo ante la pantalla completamente en blanco.

El miedo al "me aburro" 

Como sabéis, fui maestra de educación infantil durante años. Recuerdo que algunas de las frases que más repetían mis alumnos eran: “me aburro” y “¿y ahora qué hacemos?”. Era frustrante para ellos no tener un estímulo inmediato.

Vivimos en una sociedad tan sobreestimulada que no nos damos permiso para aburrirnos, y ese es un gran error. Aunque existen bases psicológicas que afirman que el aburrimiento es necesario para la salud mental, hoy prefiero quedarme con la reflexión personal:

Las obras de arte más bonitas del mundo partieron de un lienzo en blanco.

No saber qué hacer no es un fallo del sistema; es un reto. Es como abrir una caja de un puzle de mil piezas y no saber por dónde empezar. Al final, cuando lo terminas, no quieres deshacerlo porque de ese caos inicial ha surgido algo relajante y maravilloso.

La trampa del control

Queremos tenerlo todo bajo control constantemente. Nos aferramos a la idea de que, si no somos productivos o creativos al segundo, algo va mal: “no me estoy esforzando lo suficiente” o “esto no es lo mío”.

Pero la realidad es que hay factores que no podemos controlar, empezando por el más grande de todos: la vida.

Te confieso otra cosa: hace un minuto no sabía de qué escribir. Llevo días agobiada porque no encontraba el tema de esta semana. Mi mente ya me estaba atacando con esas frases de culpa. Pero entonces me vi ahí: frente a la pantalla, con mi luz, mi café y el cursor parpadeando. Y simplemente empecé a teclear.

Dejar de temer a la nada

Muchas veces, si en lugar de entrar en pánico por el vacío nos dejáramos llevar, las soluciones saldrían solas. En el momento preciso en que dejas de temer al "no saber", la niebla se disipa y la imaginación —esa que parece en peligro de extinción— empieza a actuar.

El día que dejemos de ponernos límites y aceptemos el vacío como una oportunidad, empezaremos a construir cosas realmente grandes.

 

¿Y tú? ¿Cómo te llevas con los momentos de "no hacer nada"? ¿Te permites aburrirte o sientes que tienes que estar activa siempre? Te leo en los comentarios o por privado si te apetece compartir tu proceso conmigo. (Y recuerda suscribirte si te ha gustado, me harías muy feliz)

Con cariño,

Rocío

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