Los abuelos no son eternos: por qué necesitamos aprender de ellos hoy

Publicado el 10 de diciembre de 2025, 10:47

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Llevo un tiempo pensando mucho en algo que quiero compartir contigo.
Este puente subí a mi pueblo para pasar tiempo con mi familia, desconectar y vivir esos rituales que, sin saberlo, van construyendo quién eres. Pusimos la decoración de Navidad, hicimos alguna celebración pendiente y, entre todo eso, volví a estar con mis abuelos.

Y últimamente, cada vez que estoy con ellos, me nace una urgencia profunda: aprender de su vida, de sus historias, de sus manos, incluso de cosas tan sencillas y preciosas como plantar patatas o cuidar un campo.

La Navidad como espacio de reflexión

Se acercan fechas clave: la Navidad.
Para mí no es solo decoración bonita o turrones. Es una pausa, un momento para mirar el año con cariño y honestidad:

qué has hecho, cómo lo has hecho, qué te ha llenado y qué puedes mejorar.

En medio de esta reflexión, hay un pensamiento que me ronda mucho: ¿Qué pasará con las tradiciones familiares cuando mis abuelos ya no estén?

Lo que no aprendimos a tiempo

Durante años, yo estaba muy metida en mis cosas, mis responsabilidades y mis preocupaciones. Cuando mis abuelos intentaban enseñarme algo del campo o de la vida, no siempre prestaba atención. No por falta de amor —ellos siempre han sido mis grandes referentes— sino por esa falsa sensación de que todo es eterno.

Cuando trabajaba en la escuela infantil y los padres venían avergonzados porque se llevaban antes a sus peques para ver a los abuelos, yo siempre les decía:

“Que disfruten de los abuelos. No son eternos. Ya habrá tiempo de guardería.”

Porque es así: la figura de los abuelos es un regalo que no dura toda la vida.

Y hoy soy plenamente consciente de que habrá muchas cosas que adoro que desaparecerán si no las aprendo ahora:
la torta de mi abuela, las patatas de casa, los guisos de siempre, el cuidado del campo, las historias que nunca se repiten igual.

Estoy segura de que tú también tienes tus propias versiones de estas pequeñas joyas familiares.

Tradiciones familiares que merecen ser conservadas

Todas estas cosas forman parte de nuestra identidad.
Nos unen, nos hacen sentir hogar y, sin embargo, casi nunca pensamos que un día podrían perderse.

Y eso… me inquieta. Mucho.

La idea de no conservar lo que mis abuelos crearon con tanto amor me atraviesa últimamente con fuerza. Por eso he decidido hacer algo, y me encantaría que tú también te animaras:

Mi propósito: aprender una cosa nueva de mis abuelos cada vez que los vea

  • La próxima vez que vaya a verlos, me comprometo a aprender algo:
    una receta, un proceso del campo o simplemente una historia que nunca me contó.
  • Sin móviles, sin distracciones.
    Solo tiempo de calidad, de esos que se quedan grabados para siempre.

      Quiero que sus voces, sus manos y sus corazones sean eternos en mis recuerdos.

  • Y, de paso, hacerles felices. Porque ellos solo necesitan eso:
    que vayamos, que escuchemos y que estemos de verdad.

Los abuelos no son eternos… y son uno de los mayores tesoros que tenemos

Quizá esta entrada te toque un poco el corazón, dependiendo de tu historia.
Pero sentía que debía escribirla. Porque en estas fechas en las que todo parece acelerarse, yo quería frenar para honrar a nuestros abuelos, reivindicar su figura y recordar lo esenciales que son.

Los abuelos no son eternos.
Pero lo que aprendemos de ellos… sí puede serlo.

Y ojalá este texto te inspire a acercarte un poquito más a los tuyos, si aún los tienes.

 

Me encantará leerte en comentarios. ¿Qué tradición te gustaría conservar para siempre?¿Tienes algún recuerdo especial con tus abuelos? Comparte un pedacito de tu historia. 

Con cariño, 

Rocío

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