Escucha aquí la entrada del blog:
Primero de todo, quería pedirte mil disculpas por no haber subido contenido la semana pasada. A veces, la vida se complica y es difícil llegar a todo, especialmente cuando la salud reclama nuestra atención. Pero ya estamos de vuelta y hoy quiero compartir contigo una reflexión muy personal.
Hoy no habrá citas de psicología ni estudios científicos; solo una impresión basada en las conversaciones y situaciones que han llenado mis últimas semanas, así que va a ser breve, pero intenso.
Hoy quiero hablar de la suerte.
Si buscamos en la RAE, la palabra tiene muchas definiciones, pero hay dos que resumen perfectamente lo que solemos entender por "tener suerte":
-
Encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual.
-
Circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede.
A raíz de esto, me gustaría que pensáramos juntos en algo que nos ocurre a todos.
El dilema: ¿Lo logré yo o me tocó?
En casa, mi pareja y yo solemos debatir sobre esto. Yo suelo decir que tenemos muchísima suerte por lo que hemos conseguido. Él, en cambio, a veces se indigna: considera que no es suerte, sino el resultado de su esfuerzo y de lo que merece por todo el trabajo que hay detrás.
¿Por qué es importante analizar esto? Porque solemos irnos a los extremos, cuando la verdad suele estar en el centro.
Es cierto: prácticamente todo lo que logramos es gracias a que nos esforzamos al máximo. Estudiamos, trabajamos duro, sacrificamos horas de sueño o de ocio... Pero no podemos obviar el factor suerte.
La suerte "recatada" que no vemos
La suerte no es solo que te toque el bingo dos veces. Existe una suerte mucho más silenciosa; esa que apenas notamos porque la damos por sentada.
Si bajamos a la base de todo, tenemos una suerte inmensa simplemente por haber nacido donde hemos nacido. En nuestro entorno, damos por hecho que:
-
Podemos estudiar una carrera o un grado.
-
Tenemos acceso al mercado laboral.
-
Si nos torcemos un tobillo, hay un hospital esperándonos.
-
Podemos hacernos pruebas cuando algo en nuestra salud no va bien.
A veces creemos que esa es la "realidad absoluta", pero lo cierto es que nuestra normalidad es el sueño de muchas otras personas. Reconocer esto no quita valor a tu esfuerzo, simplemente añade una capa de gratitud a tus logros.
Un ejercicio de introspección
A menudo estamos tan absortos en lo negativo que las bendiciones cotidianas pasan desapercibidas, y eso nos hace sentir desdichados. Por eso, hoy quiero invitarte a hacer algo diferente.
Coge papel y boli, busca un rincón tranquilo y sumérgete en tu interior: ¿Por qué te consideras una persona afortunada hoy? No busques grandes hitos; busca en esos detalles que hoy das por sentado.
Me encantará leer tus reflexiones en los comentarios o por privado si prefieres una charla más íntima. A veces, ser consciente de nuestra suerte es el primer paso para encontrar la calma que buscamos.
Y si te gustan este tipo de reflexiones, no dudes en suscribirte. Es gratis y a mí me haces muy muy feliz.
Con cariño,
Rocío
Añadir comentario
Comentarios