La prisa es un germen: Lecciones de un puzle a presión

Publicado el 25 de marzo de 2026, 10:31

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¡Cuánto tiempo sin leernos, escucharnos y escribirnos! Han pasado dos semanas desde la última entrada y, en esta ocasión, no ha ocurrido nada extraordinario que me haya impedido escribir. Simplemente, lo he decidido yo así.

La última entrada, sobre el 8 de marzo, me trajo una lección muy importante que quiero transmitirte hoy. Una lectora me escribió para debatir sobre algunos conceptos y, tras varios emails, le agradecí la interacción. Primero, porque eso es precisamente lo que busco con este proyecto: reflexión real entre personas reales. Segundo, porque su visión me sirvió de espejo.

Cuando el puzle no encaja

La vida tiene muchos componentes y encajar las piezas no siempre es fácil. Hay días en los que el puzle sale precioso y otros en los que intentamos meter una pieza a presión, sabiendo perfectamente que no cabe ahí.

Eso me pasó a mí la semana pasada. Cuando haces las cosas por compromiso o presión, sin respetar tus tiempos, el resultado suele ser el mismo: falta de calidad.

Al correr para llegar a objetivos inamovibles, dejamos de prestar atención a los detalles, no verificamos la información y no permitimos que las ideas maduren hasta ser "perfectas". Solo vemos el todo y olvidamos las partes. El resultado es un puzle abstracto que no nos representa.

La prisa como contagio

El otro día, por ejemplo, intentaba avanzar en un reto de mi máster. Se me pasaba la hora y tenía otras cosas importantes programadas. ¿Qué hice? Seguir forzando. ¿El resultado? Frustración, cansancio y una semana entera de arrepentimiento por no haber sabido parar a tiempo.

¿Por qué seguimos haciéndolo si sabemos que nos quema por dentro? La prisa es un germen. Es contagiosa, difícil de gestionar y, aunque hable constantemente de calma, yo también caigo en ella. La prisa nos hace cometer errores que, con un poco de aire, no ocurrirían.

3 pasos para reordenar tu puzle 

Desde aquella reveladora conversación con mi lectora, he empezado a observarme más. Aquí te comparto tres sencillos pasos para gestionar esos momentos de caos:

  1. Obsérvate: Cuando vamos con prisa, nos obcecamos como los burros y no miramos a los lados. Para. Mira a tu alrededor y mira hacia dentro: ¿Cómo te sientes realmente en este instante?

  2. Pregúntate: Una vez analizada la situación, sé honesta: ¿Tiene sentido hacerlo de esta manera? ¿Me soluciona algo saltarme el "semáforo en rojo" de mi descanso o solo voy a avanzar dos segundos más que el resto a costa de mi paz?

  3. Actúa: Con la situación clara, toma la decisión. Puede que estés lista para seguir de forma consciente o puede que descubras que lo más inteligente es reordenar el puzle y dejar esa pieza para mañana.

Cuando tomas conciencia, todo vuelve a estar alineado contigo. Esa nube de caos sobre tu cabeza empieza a disiparse y, por fin, vuelves a ver la luz.

 

¿Y tú? ¿En qué áreas de tu vida sientes que estás intentando encajar piezas a presión? Me encantaría que me lo contaras en los comentarios o por privado; ya sabes que me encanta que generemos estas charlas reales.

Con cariño,

Rocío

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